Las reformas no llevan a la revuelta.

La primera de las victorias del sistema es hacernos creer que es único, que ya no puede haber otro. El fin de la historia si se quiere. Que las reglas del mercado no son políticas sino pura ciencia matemática entre la oferta y la demanda, que quizás haya que afinar un poco esta norma con un mínimo intervencionismo estatal ( sobretodo cuando el negocio se hunde como en 2007 o ahora mismo ) pero que es el único sistema posible.

Decimos que las reformas del sistema no llevan a la revuelta, lo ponemos de titulo que narices, y lo hacemos porque quien ha convertido en el ideario colectivo al capitalismo como único sistema posible es aquel que aspira a reformarlo. Las socialdemocracias a lo largo de todo el siglo XX han metido esa idea en la cabeza de millones de obreros, y lo que es peor en miles de cuadros honrados y validos para la revolución. Desde la socialdemocracia alemana, pasando por el 37 o el 78 español, o la Portugal de 1974. Siempre han planteado la traición a los ideales comunistas y revolucionarios. Han infantilizado hasta la nausea a quienes plantean la revuelta y el fin del capitalismo mirándose en el ejemplo de Octubre.

Plantear las reformas como pequeños pasos hacia un futuro cambio de sistema o incluso hacia una sociedad mejor es falso. El sistema no necesita hacer concesiones precisamente porque no necesita desactivar los movimientos e ideologías revolucionarias, es por ello que la batalla se libra hoy en no perder derechos en lugar de ganarlos. Las mejoras en la vida de la clase obrera vinieron en un pacto entre la socialdemocracia y el capital en un contexto de miedo por parte de este último, miedo a la revolución y el bloque socialista. Hoy, lógicamente ese pacto no es necesario.

La revolución, hablar de organizaciones revolucionarias es un problema para casi toda la izquierda. Pero no parece serlo huir hacia delante en una amalgama de reivindicaciones y pequeñas reformas que a cada crisis del sistema tienen menos espacio, obligando en el mejor de los casos a un pacto a la baja que en nada ayuda a la clase obrera. Huyen de aquello que traicionaron y se arriman al cobijo de un sistema que les permite vivir de esa política profesional tan bien pagada como inútil.

Al resto, a los y las que ponemos la vista en un horizonte revolucionario y de lucha, nos toca empezar a montar las mimbres de un nuevo partido comunista. Organizar un nuevo fantasma que recorra Europa y el resto del Mundo, formando cuadros y dejando en evidencia que la única elección posible se encuentra entre la revolución y un sistema que cada vez nos apretará mas.

La llama revolucionaria se ahogo de manera mayoritaria, es tiempo de volver a encenderla. De la reforma y el parlamentarismo no llegarán ni las revueltas ni las mejoras para nuestra clase. “De día en la lucha con los mas oprimidos, de noche formándonos para la batalla. Frente a las proclamas, formación e imaginación”-Lenin

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